jueves, 25 de marzo de 2010

La importancia de dormir bien


Todos los padres sabemos lo esencial que es dormir para el crecimiento. Por eso, muchas veces nos preocupamos porque nuestros hijos se acuestan tarde o tienen muchas pesadillas. ¿Cómo hacer para que logren mejores hábitos de sueño?

Una de las cosas que más nos preocupa como padres es que nuestros hijos duerman bien. Desde que los chicos nacen nos damos cuenta de lo importante que es el sueño para el bienestar de todos, pues determina que durante el día un bebé esté alegre o llorón, y sus papás, descansados o exhaustos.

La importancia del sueño no termina cuando el bebé crece y deja la cuna; es vital también para los niños en edad escolar. Una buena noche de descanso los prepara para el día: los ayuda a lidiar con el estrés social y el ajetreo de la escuela, y también a aprender.

Los niños siempre se han rebelado contra los horarios rígidos para dormir, y más aún hoy con tantas distracciones que los mantienen despiertos y fuera de la cama. La televisión, Internet, los teléfonos y los videojuegos compiten por capturar su atención a la hora de acostarse.

Y aunque creas que tus hijos son los únicos que están corriendo por la casa a las 10 de la noche, lo cierto es que a muchos chicos les cuesta tener un buen descanso nocturno. Algunos de los problemas más comunes que los afectan son: dificultad para conciliar el sueño o para permanecer dormidos, despertarse muy temprano o con sensación de fatiga, y cómo no… las pesadillas.

¿Cuánto dormir?

Los chicos difieren en cuanto al número de horas de sueño que necesitan. La mayoría de los niños en edad preescolar necesita entre 10 y 12 horas diarias; a los nueve años, cerca de 10 horas, y al llegar a la pubertad, entre ocho y nueve horas, si bien muchos chicos duermen menos.

En la adolescencia, etapa en que los muchachos están activos todo el día, el desarrollo del cuerpo y el cerebro los obliga a consumir más energía, así que su necesidad de sueño vuelve a aumentar. Por eso muchas veces se caricaturiza al adolescente tirado en la cama sin ganas de nada o levantándose tarde. Uno de los aspectos más interesantes de la fisiología de los adolescentes es que su ciclo de vigilia y sueño se retrasa hasta dos horas. Esto implica que no les da sueño hasta bien entrada la noche y, a causa de ello, se despiertan tarde a la mañana.

Mientras que los niños menores de 13 años empiezan a segregar melatonina (la hormona que provoca sueño) hacia las 8 o 9 de la noche, casi todos los adolescentes la producen cerca de las 11, así que antes de esta hora por lo regular no sienten sueño; físicamente, no pueden conciliarlo.

En el otro extremo está el cortisol, la sustancia que nos hace despertar. Los adolescentes no la segregan hasta alrededor de las 8:15 de la mañana, normalmente demasiado tarde para llegar a tiempo a la escuela.

Así que si tu hijo está somnoliento y se frota los ojos durante el desayuno, no desesperes, no lo confundas con pereza. Simplemente es su reloj biológico. En unos años volverá a los horarios habituales.

Sin embargo, no dormir lo necesario puede provocar falta de atención en la escuela, problemas de memoria, altibajos en el desempeño y mal humor. Por eso es importante que formes sus hábitos desde temprano.

A continuación, cinco maneras de ayudar a los chicos a adquirir hábitos más saludables a la hora de dormir:

1. Fijá un horario regular para ir a la cama. Aunque los chicos se rebelen, hacé que se vayan a dormir entre semana a la hora establecida. Los sábados y domingos podes permitirles acostarse un poco más tarde.

2. Brindales un tiempo para relajarse. Con hacerlo unos 45 minutos antes de dormir basta para que luego duerman más tranquilos. Esto puede incluir apagar la televisión, calmarlos charlando con ellos y evitar que consuman alimentos y cafeína antes de irse a dormir.

3. Establecé una rutina a la hora de acostarse. Asegurate de que los niños vayan antes al baño y se cepillen los dientes para que ya vayan acostumbrándose a la idea de irse a la cama.

4. Los dormitorios son para dormir. Se aconseja que la televisión y la computadora estén en otro lugar. Crea un ambiente tranquilo, como el de una cueva: cuanto más oscuro, mejor.

5. Ayudalos a caer en el sueño. Esto implica mantener el dormitorio a oscuras para reducir la temperatura corporal y reconocer la función de la melatonina en el ciclo del sueño.

Un mejor conocimiento de la fisiología y los ciclos del sueño es la base para ayudar a tus hijos a descansar mejor por la noche.

Fuente: Revista Selecciones y www.materna.com.ar

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